Covadonga, la Santina mas bonita de la tierra.
(...) He bajado en piragua el descenso del Sella...
Er Milindri.
Dolor. Dolor por el Boletus edulis. Dolor por cada castaño, por cada cerezo. Dolor porque las cabras huyen despavoridas. Dolor porque no se ven las estrellas. Dolor por las gentes de las villas. Dolor por aquel profesor de Literatura y por el voluntario madrileño. Dolor como si se muriese un ser querido. Dolor, mucho dolor...
Como ya hiciéramos hace un año, mi compañero Luisiño (el panadero) y yo, subimos a pescar a una de las lagunas de Gredos en la que, afortunadamente, no se padece la masificación de otras.... El Luis no cesaba en su intento de igualarme en el número de capturas, y yo, que andaba algo cansino, muy prudentemente decidí sacar la esterilla y echar una cabezadita... Al despertar pegaba una torraera considerable. Me incorporé, y cuál fué mi sorpresa, al escuchar a un par de metros el característico silbido de alerta de una cabra montés... El susto que me llevé fue considerable, aunque no lo fué menos para el animal, que salió esopetao ladera arriba brincando de roca en roca...
¡Era la guerra de la Independencia española! Corría el verano de 1812 por la campiña salmantina cuando iba a comenzar una curiosa batalla y decisiva en la contienda... Las tropas francesas, al mando del mariscal Marmont, ocupaban un cerro denominado: Arapil grande (en primer plano en la imagen); las aliadas (inglesas principalmente) encabezadas por el duque de Wellington, hacían lo propio en el cerro opuesto: Arapil chico (al fondo en la imagen). En ese escenario contrapuesto se empezaron a pegar zambombazos y balazos hasta que los aliados consiguieron que los franceses pusieran pies en polvorosa... Hubo muchas bajas por ambos bandos; no siendo la cosa cuantiosa en el caso del pequeño grupo aliado de pajarracos españoles, que andaba más bien en la retaguardia...